Momentos.

5.

Te extraño. Como cada noche. Te extraño aún sin conocerte. Miro tus ojos brillar, foto tras foto. Recorro cada una de tus sonrisas con mi mano. Acaricio con mis ojos, cada uno de tus cabellos. Imagino lo que piensas. Sueño que tu voz me llama en cada imagen, susurrando que me esperas.

Te extraño. Y cada noche, mucho más.

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Donde dormir.

Dame una razón para permanecer despierto,

para mantener mi mente pensando en ti.

Remarca el motivo por el cual,

debes seguir habitando en mi ser.

No hay cadenas que sean eternas.

Ni la tempestad puede destruirlo todo.

Siempre existe un lugar para buen resguardo,

un sitio donde dormir.

Ausencia.

 

Acaricio tu ausencia,

cuando grito tu nombre

y no vienes a mi.

Detengo esa penetrante ansiedad

de no mirarte,

llenando la mente con la imagen del cielo estrellado,

nocturno recuerdo del frío

que cala hasta el interior del alma.

..

El viento invernal besa mi frente,

helando el mismo sitio

donde tus labios quedaron grabados.

Lleno con música,

ese aterrador sonido del silencio

que inunda mi hogar.

Ya no habrán ecos de risas nunca más,

no habrán más de ti,

suspiros espantando las sombras de mis noches.

Simple.

¿Por qué insistimos en decir que nos gustan las cosas simples de la vida?

¿Por qué razón pensamos que el vuelo de una mariposa,

la lluvia vespertina de verano,

el amanecer, y el atardecer con sus colores de fuego,

el canto de las aves,

el aroma de la tierra mojada invadiendo el ambiente,

la continua caída de una cascada,

el jugueteo de las luciérnagas en los campos,

son todos cosas simples?

.

¿Acaso somos incapaces de entender

la grandeza de cada uno de estos eventos?

¿No nos admira ni siquiera el hecho

de tener la capacidad de observarlos,

de saborearlos, de llevarlos en nuestro recuerdo?

.

Cuando por fin podamos entender

todo lo que sucede a nuestro alrededor

como pequeños milagros,

entonces sabremos que lo único simple en este mundo,

es la mente del ser humano que no se maravilla ante nada.

No sé.

Imposible concentrarme. Intento fijar mi pensamiento en una idea concreta, pero no lo consigo.

Algo revolotea en mente. Algo que da vueltas interminables. Viene y se marcha antes de que pueda descubrirle. No sé quién eres. No sé qué eres. Ni siquiera tengo la seguridad de que existas realmente, pero turbas mi paz desde hace ya buen tiempo.

La lectura no consigue alejarte. Unas cuantas líneas y apareces, desorganizando palabras, desapareciendo letras, confundiendo el sentido de lo que leo.

Cruzas el cielo con rapidez cada vez que le contemplo. Hablas a mi oído en voz baja cuando cierro los ojos e intento meditar.

No sé qué buscas o deseas. No sé quién eres.

No sé que eres.

Encontrarse.

Toca con su mano mi soledad,

escapando en un suspiro que muere en grito,

un grito de desesperación por amarle,

por girar a su alrededor.

Negación del ser,

restricción de felicidad,

orgullo altanero y discriminador

de quien se aproxima y no es lo que se espera.

Sueño traido por el viento,

entregado con mentiras,

con besos fríos,

que incendian la realidad,

que prenden fuego a la existencia.

Despierto.

No deseo moverme.

No soy yo.

No me reconozco.

Esa voz que habla en mi cabeza

no soy yo.

Las palabras que vienen de ella

no entiendo a que se refieren.

.

No le presto atención,

divago en pensamientos varios

y oculto mi interes por escucharle.

Me hablo en otro idioma,

busco imagenes a mi alrededor.

Momentos

4.

Es la sexta noche sin cerrar los ojos. He querido no hacerlo. Los días han sido más difíciles sin duda, pero es mejor así. No importa que las noches de descanso que me he prohibido, empiecen a distorsionar la realidad que vivo.

He visto cosas y personas desaparecer de súbito. Escucho voces a pesar de la soledad de mi pequeña oficina. En el autobús rumbo a casa, sé que todos me observan, que todos hablan de mi. Sus risas disimuladas les delatan.

Camino más aprisa que lo acostumbrado. Son ya dos veces que no recuerdo el color de mi edificio. Tres en las que olvido las llaves de la entrada, sobre la mesa del comedor.

He olvidado como utilizar un rastrillo. Bañarme es tan solo abrir la regadera y remojar el cuerpo, para de inmediato, secarme y vestirme.

Ya no deseo que llegue la noche, tengo miedo a cerrar los ojos. No quiero que eso suceda. Sentado frente al reloj, le observo avanzar. Segundo a segundo. Minuto a minuto. Cuento una y otra vez cada tic-tac, perdiendo la cuenta después de mil y obligandome a iniciar de nuevo.

Pronto empezará la séptima noche. No quiero cerrar los ojos. Así lo he decidido para siempre. No quiero que su fantasma, venga a inundar mis sueños. Es mejor así.

Momentos.

3.

Esa vieja melodía. La misma melodía que me alegra, que me obliga a cerrar los ojos y soñar, la melodía que ensombrece mi día por igual. Vieja melodía. Esa, a la que pido cambie mi presente cada vez que la escucho. La que me invita a pensar tu imagen, la que me obliga a pedir que aparezcas en mi vida, de improviso, sin decir cuando, solo que aparezcas, de la nada.

Vieja melodía que lleva el sabor de tus alegrías, de nuestras alegrías. De esas risas juntos, que no han sucedido, pero que sucederán. Melodía que sabe a ti.

Noche de verano.

Las mejores historias, no inician en una lluviosa noche de verano. Al menos, a mi no me ha sucedido, no me ha pasado. Ni siquiera lo he visto que suceda en los libros.

No existen los encuentros inesperados en la estación del autobús. No hay algo parecido a cruces de miradas en algún café del centro de la ciudad.

Nunca el aroma de un día de lluvia, ha unido dos almas en una sola. El canto de los grillos en los matorrales, jamás me ha acompañado en alguna cena en el jardín a la luz de la luna a medianoche.

No creo en esas historias que hablan de llamadas equivocadas a altas horas de la noche, como tampoco creo en las coincidencias de gustos, de objetivos, de pensamientos.

¿Amor en lluvia de verano? Digo que no, que son fantasías, historias para alegrar almas abatidas, para distraer a los afligidos, para dar esperanza a los rezagados.

Heme aquí, bajo la lluvia, empapandome, sintiendo cómo el frío cala hondo hasta los huesos. Heme aquí, esperandote, queriendo empezar a tu lado, nuestra historia en una lluviosa noche de verano.