No vuelvas más.

Escucho el eco apagado de tu risa, entre ruido blanco dentro de mi cabeza, mezclándose con esa vieja melodía que nos gustaba escuchar. Y no sé porqué vengo a recordarte hoy.
Decidí apagar tu voz en mis ganas de verte cada día. Esa indiferencia tuya con la que me topaba en cada jornada, ayudó en gran medida. De tajo decidí no ofrecerte espacio en mis deseos nuevamente.
Pero hoy, haces acto de aparición. Delizas sin problema alguno, la barrera que construí para retenerte lejos de mí.
Recuperé mis sueños, mi tranquilidad, mi lado de la cama… ¿Por qué venir ahora a detenerme, cuando he avanzado kilómetros?
Dejo que desaparezcas poco a poco. No te apresuro, pues no volveré a decir adiós. La última vez que lo hice, desviaste tu atención a otra parte. ¡Lleva allá tu voz! ¡Borrala de una vez por todas de mi mente! Te he regalado un adiós, por favor, no vuelvas más.

Distancia.

¿No es acaso, la distancia, la más grande barrera que puede imponer el destino?

Saber que existe alguien que dedica parte de sus días pensando en ti. Alguien de quien sientes su presencia aún sin tenerle al lado. Saber que sonríe cuando descubre algunas palabras que le has dedicado, escritas en un viejo y arrugado trozo de papel. Saber que esa barrera llamada distancia, no permitirá poner en sus manos, aquella rosa que has cortado para ella.

Perfección.

¿Qué es perfección? Podría tratarse de un amanecer tras una noche de tormenta. Un día soleado en aquél parque durante tu infancia. Quizás se pueda encontrar perfección en las incontables olas del océano golpeando la costa. La sonrisa de un niño, o de un anciano, a quien has brindado ayuda. Tal vez exista en la pequeña mascota que te recibe en el hogar, después del peor de los días.

¿Qué es perfección? Para mí, un beso tuyo por las mañanas.

Inevitable.

Tarde en casa. De nuevo. Como si la monotonía no fuera agotadora. Estar entre el bien y el mal. Sangrando hipocresía durante toda la jornada. Estoy bien. Esto no me afecta. Aquello es normal. Elvita no es así con otros. Tampoco los demás son igual conmigo que con el resto de la planilla. Más rock para distraer el sueño de desaparecer. No hay volumen que aleje a la imprudencia, ni audífonos que destierren mi cuerpo a sitios más aceptables. Un sandwich de atún en la nevera. Otro, recién preparado. “Arreglado” decía uno de mis suegros. Mi vocabulario está repleto de palabras simples, dichos y proverbios. Quisiera repletarlo de poesía. De poesía sencilla, sin palabras rebuscadas. Sin destinatarios. Poesía que cada quien se acredite. Tres mordiscos al sandwich. En mi cabeza, se repite la película de mi día. La edito a placer. Enfoco mi atención a lo que deseo quede almacenado. Un ochenta por ciento irá directo al basurero. No me hace infeliz. Pero ¿es vida reconocer que solo el veinte por ciento de mi día valió la pena? Rostros que deseo ver todos los días, serán olvido en un par de años. No les sobrevivirá ni el eco de sus voces. Otras tres mordidas y el sandwich desaparece. El bocado gira entre mis dientes. La vida hace lo propio con mi persona. Agotamiento. Lectura. Después, dormir. Dormir para prepararme a otro día. Otro día con alta probabilidad de ser igual a este.

Y al anterior del anterior a este.

Obscuridad.

¿Puedes sentirlo?

Ese vacío nuevamente invadiendo tu interior.

Ese deseo intenso de ganarlo todo,

o dejarte ir al abismo perdiendo en absoluto.

¿Vuelves tus pasos a sitios donde reina el silencio?

¿Recorres el viejo camino a casa deseando que no tenga fin?

Soñando en nunca volver,

iniciar de nuevo… o no intentarlo tal vez.

Resurges solo para volver a caer.

Renaces para no vivir con intensidad.

Corres, con el único fin de volver al sitio donde todo empezó,

donde todo termina de la misma manera.

Niegas las voces en tu interior.

¿Puedes sentirlo?

¿Tu verdadero yo intentando liberarse en tu mente?

Luchando por hacerte desaparecer y conseguir lo que tanto temes.

Desearías no sentir.

Preferirías la comodidad de un frío rincon,

esperando la hora en que todo termine,

sin ánimo, sin tener que ser. Solo obscuridad.

Pesares.

Despertar día tras día hecho pedazos,

haciendo esfuerzo por mantenerlos unidos,

para enfrentar el mundo en una pieza.

.

Vagar por la calle,

teniendo un destino al cual llegar,

un sitio al que no se pertenece,

uno al que no se desea pertenecer.

.

Y andar por esas calles vacías,

o por otras atestadas de gente apresurada,

volviendo la mirada atrás,

con la esperanza de no ir perdiendo

lo que tanto trabajo a costado mantener unido.

.

Pasar el día completo anhelando,

anhelando estar en un sitio diferente:

en aquél en el que no se fue bien recibido,

o quizás en algún otro que puede ser,

brinde al fin, paz al corazón.

.

El día termina,

creyendo que la vida se escapa entre los dedos.

Termina como nunca lo pensaste,

como jamás lo habías deseado.

Significado.

¿Para qué buscar significado al silencio de una habitación vacía? No creo que encuentres algo en particular en aquél silencio. Ni siquiera debería parecerte fuera de lo normal. El para tí, particular sonido de sus pasos al llegar y deambular por los pasillos de la casa, no lo encontrarás más por acá. ¿No puedes entender acaso que no existe significado para el silencio de una habitación vacía?

Espiar por la ventana cuando la escuchabas llegar cada tarde. Levantar con cuidado la cortina para que ella no te descubriera… aunque sabías, siempre lo supieste, ella lo notó desde la primera vez. Los colores de la tarde iluminando su rostro, mirarla charlar con algunos de los vecinos, esperando que su llave abriera la puerta principal, dejando entrar al viento, llenando con su aroma la sala de estar. ¿Qué sentido tiene hoy espiar por la ventana?

Los libros revueltos sobre la cama sin arreglar. Revistas viejas a manera de alfombra. Comprendiste que, cuando una de nuestras mitades se aparta de nosotros, es momento de entrar en movimiento. Entiendiste que no hay futuro con cordura, si vives cada atardecer sentado, pasando las hojas de su libro favorito, buscando su aroma en el interior, imaginando escuchar su voz en cada parrafo que lees…

¿Qué significado tendrá tu vida, ahora que no está más? Depende de ti.

Errado.

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No extravié el camino,

ni ha errado de rumbo mi andar.

Solo ha venido a suceder,

que no decido el sitio a donde quisiera llegar.

.

Me han visto vagar por los caminos,

sin sitio fijo donde pernoctar.

Me han encontrado en la montaña,

queriendo desde allí, el mar observar.

.

He pasado noches en desvelo,

tirado de espaldas, mirando al cielo,

o.bservando de las estrellas su lento caminar,

deseando en algún momento, poderlas alcanzar.

.

He andado junto al lecho del río aquél,

ese que todos han olvidado,

y no es que haya errado el rumbo,

es que le he pedido, guíe mis pasos hasta el mar.

Soy.

Aprendí cómo andar por la vida

con las manos vacías,

con los pies cansados, doloridos.

Nadie me enseñó a caminar con la vista al suelo,

con tristeza en el rostro,

con el alma a punto de estallar.

Me vi forzado a aprender cómo permanecer en silencio,

observando solamente,

cuando lo que quieres es llenarlo todo a gritos.

.

Aprendí a sostener otras manos,

a no permitir que los demás cayeran,

soportando pesos que yo no había ganado.

Pasado el tiempo, acepté que nadie deseaba darme la razón,

que mis ideas eran simples añoranzas,

fui obligado a olvidar los sueños de futuros diferentes.

Dejé de vagar por las calles,

ya no deambulo por mi viejo barrio,

hoy, soy lo que ellos desean que sea.

El viento del olvido.

Llega el día, en que tus fotos antiguas, se convierten en el máximo tesoro que podrías poseer. Silenciosas testigas de lejanos tiempos en los que el papel, era la única manera de conservar un recuerdo.

Pasas horas observando tu imagen favorita, impresa en aquél papel amarillento, que día con día desprende pequeñas partes de sí, desmoronandose lentamente entre tus dedos, encontrandote con su imagen, aquella que te cautivó, esa que aún te sigue en sueños, la imagen de la juventud exhausta, agotada hace mucho tiempo, rota en mil pedazos, anticipándose al destino del papel en tus manos, recordandote que el tiempo es cada vez más escaso.

Y aprendes a avanzar por la vida, con tu caja llena de pequeños trozos de papel. Te aferras a ella, pidiendo que no termine también en pedazos, arrastrados por el viento del olvido.