Iglesia

Justo un día antes de mi cumpleaños, me ganó la melancolía y quise detenerme un momento en una capilla a dar gracias por estar aquí, teniendo la oportunidad de vivir en paz. Aunque, debo decirlo, he tenido cierto temor de acercarme a Dios desde hace un año, no, para ser honestos, desde hace poco más de un año. Fui educado para pensar que Dios todo lo ve y que cuando ve algo que no es de su agrado, inmediatamente castiga. Tengo un año sin dejar de pensar solamente en eso, tengo un año imaginando como seria la venganza divina sobre mí.

Sobra decir que entré como el más insignificante ser del planeta: supuse que algún rayo fulminante o una plaga semejante a las de Egipto caería sobre mí inmediatamente al cruzar el portal de la capilla. ¡Pues oh sorpresa! Nada sucedió.

En realidad no es la primera vez que pasa algo similar, de hecho, cada visita a una iglesia lleva al mismo resultado, así que por experiencia, debería saber que Dios no tiene tiempo para castigar ya de esa manera… mi yo interno desea tal vez, que eso pase: rápida solución a los problemas de Jorge. Bueno, no funciona así ya entonces, ¡que afortunados eran hace tres mil años!.

De cualquier forma, quiero compartir lo que sucedió. Discúlpenme, no se trata de milagros asombrosos, ni de apariciones a las cuales, como ya deben imaginarse, no creo que pueda tener el privilegio en esta vida. No, se trata de una simple y agradable reflexión a la que llegue en ese corto momento.

Cuando llegue hasta allí y estuve de rodillas mirando al crucifijo, vinieron a mi mente inmediatamente, las imágenes de las cosas que desde mi punto de vista, podrían ser detonante de la ira divina. Trate de evitar esos pensamientos, así que después de un par de breves oraciones, di las adecuadas gracias por dejarme pasar un año más. Era tan tranquilo el lugar, que decidí quedarme un momento sentado a saborear el momento. Esto es lo que siguió…

“Lo que a mis ojos puede ser castigo de Dios, a largo plazo es un beneficio… no puedo preocuparme por aquellos errores que he cometido, esos errores me permiten abrir los ojos y no volver a cometerlos. He confiado demasiado en las personas, y quizás han llegado a desengaños; pero al fallar con alguien, se descubren otras dos o tres personas en las cuales si se puede confiar y me reciben ahora con los brazos abiertos. En los momentos en que cerraba los ojos, deseando estar solo, descubría que más gente estaba a mí alrededor, intentando darme ánimos para seguir adelante. Por una persona que se aprovecho de mi, surgieron dos que no piden nada a cambio. He recibido mentiras y rechazos, pero Dios hasta hoy, no me ha permitido pagar a otros con la misma moneda. He perdido para siempre a alguien muy querido, que siempre me mantuvo con los pies en la tierra… para ello, Dios aún no envía reemplazo y cómo me hizo falta este último año…

Descubrí mil errores en mi trabajo, asuntos que no finalice por confiar en otras personas y otros que fueron indudablemente mi culpa… pero también, hasta el momento, me han tratado con mucha más comprensión de la que yo esperaba. Puedo darme cuenta que nunca seré el mejor en todo, pero siempre alguien agradece que sepa un poco de “algo”. He sido utilizado, pero eso me da ánimo porque sé que soy útil y puedo realizar casi todo. Tengo mil cosas que resolver, no importa, siempre hay espacio para resolver los problemas de quienes están cerca de mí. Me he preocupado por problemas pequeños que yo hice grandes… las pequeñas alegrías a pesar de ser así, pequeñas, siguen siendo lo mejor que me ha sucedido.

Dios no hace llorar al corazón del ser humano, entrega la risa de los hijos para que evitemos los sufrimientos. Cada día que esperaba fuera obscuro y frio, alguien lo iluminaba y lo convertía en el más cálido. Por cada oración que hacia lamentando mi suerte, me entregó un día más para descubrir que vale la pena estar aquí. Hoy me doy cuenta que hasta de la persona que mas detesto, puedo encontrar algo que me ayude a mí a ser mejor. Quienes consideraba lejanos de mí, resultaron ser los más próximos. La gente que estaba cerca de mí, sigue allí. Aun perdiendo o regalándolo todo, siempre se tiene algo más valioso: la oportunidad de conseguir algo mejor. Cuando un ciclo ha terminado, siempre otras oportunidades se están presentando de inmediato”

Entonces, antes de levantarme y retirarme de allí, concluí que por más esfuerzos que haga para encontrar la furia de Dios, siempre sabré, que lo único que hace con verdadera furia, es compensar mis errores y fallas. No estoy tan olvidado de Dios… los problemas que yo mismo me cree, ahora, comparados con lo que me ha entregado, son pequeñeces, solo que jamás quise verlos así… no hay tal ira de Dios, no hay castigo divino, el único castigo que podría imponerme yo mismo, es no reconocer que hay mil cosas que pueden opacar la obscuridad y hacerla desaparecer… aunque sea un instante, el suficiente para encontrar la luz para siempre.