Me obligué a olvidar la ruta a tu hogar.

Me esforcé por olvidar el lugar que tanto te encantaba visitar.

Olvidé la comida que te gusta,

tu color favorito,

la bebida predilecta.

Olvidé cómo cae tu cabello,

su forma,

su textura,

su color.

Me he olvidado del brillo en tus ojos,

de la figura de tus labios,

me olvidé de su color.

Ya no existe el recuerdo de tu andar;

no hay rastro del sonido de tu voz,

creo ya no escucharte en cada amanecer.

Pero, que estuviste aquí,

eso,

eso no lo he podido olvidar.