Llegó el momento en que no bastó con tan solo observarla,

en que llamarle por su nombre, quemaba la boca,

inundaba su ser, desesperaba su alma.

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Las horas desaparecían retozando a su lado,

los días, eran eternidad desde el momento en que se alejaba de ella;

El segundero, tan solo despertaba su temor de no volverle a ver.

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Deambulaba sin sentido,

las calles de su barrio parecía desconocerlas.

Era un extraño común, hundido en su propio mundo.

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Encontró su historia escrita en canciones,

escondida entre las páginas de algunos de sus libros favoritos…

hoy encuentra esa misma historia,

plasmada en una fotografía,

congelada en el tiempo, atrapada tiempo atrás.