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Desperté sintiendo en mi rostro la brisa del mar.

El aire tibio saturando mis pulmones,

lo disfruté.

El sonido de las olas rompiendo en la costa,

algunos chiquillos jugando en la playa,

relajan mi alma, dan paz a la incertidumbre.

La maraña de pensamientos, se esfumó,

dejando espacio para disfrutar del juego de la luz del sol,

en la superficie azul del océano.

Una ola tras otra. Van y vienen las alegrías.

Estar en un sitio, después dejarlo.

¿sentirá la playa que el mar se aleja de ella?

¿añorará su pronta vuelta?

¿Confía en que siempre volverá?

La maraña de pensamientos se esfumó,

dejando espacio, para soñar con la libertad del mar,

con ese sentimiento de vulnerabilidad que impone su grandeza,

con la fortaleza que otorga sentir su fuerza en cada golpe de sus olas.

La espuma en la playa se desvanece,

la brisa en mi rostro, jamás.