El polvo se eleva al soplo del viento,

cubriendo la luz del sol,

nublando la vista en el camino.

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La arena golpea cada centímetro de la piel,

lastimando como pinchazos de agujas,

tal cual aguijones de enfurecidas abejas.

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Rostros cubiertos. Lento andar.

No hay más sonido,

que el del fuerte viento en aquél lugar.

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Mantenerse agrupado resulta penoso,

se ha extraviado, de la localización el sentido…

mantenemos pues el paso, sin tener idea del destino.

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He perdido rastro de la caravana.

Pierdo a poco, la noción del tiempo.

Empiezo a sentir que pierdo, el aliento que queda de mi vida.