Aprendí cómo andar por la vida

con las manos vacías,

con los pies cansados, doloridos.

Nadie me enseñó a caminar con la vista al suelo,

con tristeza en el rostro,

con el alma a punto de estallar.

Me vi forzado a aprender cómo permanecer en silencio,

observando solamente,

cuando lo que quieres es llenarlo todo a gritos.

.

Aprendí a sostener otras manos,

a no permitir que los demás cayeran,

soportando pesos que yo no había ganado.

Pasado el tiempo, acepté que nadie deseaba darme la razón,

que mis ideas eran simples añoranzas,

fui obligado a olvidar los sueños de futuros diferentes.

Dejé de vagar por las calles,

ya no deambulo por mi viejo barrio,

hoy, soy lo que ellos desean que sea.